Cuidados de la piel sana: más vale prevenir que curar


¿QUÉ ES LA PIEL SANA? ¿QUÉ CARACTERÍSTICAS SON PROPIAS DE LA PIEL SANA?


La piel es nuestro órgano más extenso y el único que está directa y constantemente en contacto con el exterior. Cumple una importante función de barrera mecánica con propiedades defensivas inmunológicas, protegiéndonos de agentes externos (virus y bacterias), del aire, del frío y del calor. Además, es impermeable, controla la temperatura corporal, se repara y se lubrica por si misma garantizándonos una adecuada hidratación. Cumple funciones endocrinas, contribuye a la formación de vitamina D e incluso nos ayuda a eliminar algunos residuos corporales a través del sudor. Además, una piel sana es fundamental para mejorar la apariencia física y nuestra autoestima haciéndonos sentir bien mejor con nosotros mismos. No debemos olvidar que la piel es un reflejo de nuestra salud física, mental y emocional.

¿CÓMO SE DEBE CUIDAR LA PIEL SANA EN LAS DISTINTAS ETAPAS DE LA VIDA?, ¿QUÉ ACTIVOS SON LOS MÁS INDICADOS PARA CADA ETAPA DE LA VIDA EN LA PIEL?

La piel es el órgano más versátil y autosuficiente que tenemos. Precisamente por ello, podemos pensar que va a seguir luciendo joven y sana eternamente sin darle nada a cambio. Desafortunadamente, esto no es así. Aprender a cuidar la piel sana desde la infancia es un pilar básico para garantizar su correcta funcionalidad con el paso del tiempo y, por supuesto, para ralentizar el proceso natural del envejecimiento cutáneo. Como decía la Medicina ancestral: “Más vale prevenir que curar”, lo que en nuestra época podría traducirse por “una visita regular al dermatólogo contribuye eficazmente a preservar nuestra salud.”

La piel exige una atención y un cuidado constante a lo largo de la vida que depende de las características de cada estación y le evolución de cada individuo.

  • La piel del lactante es extremadamente sensible por lo que debemos evitar la exposición a la luz solar directa y extremar el cuidado del manto protector utilizando geles suaves hipoalergénicos y cremas emolientes de forma diaria. 
  • La piel del adolescente está condicionada por cambios hormonales que frecuentemente conllevan un aumento de la secreción sebácea y aparición de acné. En esta etapa es fundamental cuidar la limpieza facial, realizar una exfoliación suave de la misma 1 vez en semana  y aplicar cremas que contengan activos seborreguladores, queratolíticos y antiinflamatorios como el peróxido de benzoílo. 
  • La piel madura sufre agresiones externas en forma de estrés, falta de sueño, inadecuada alimentación e incluso determinados hábitos perjudiciales como el tabaco o el alcohol. Una buena combinación de activos en esta época de la vida incluiría cremas con derivados de retinol o ácido glicólico por las noches y serum o ampollas con antioxidantes como la vitamina C por las mañanas. Sin olvidar los 365 días del año, la aplicación de fotoprotector antes de salir de casa. 
  • En la vejez, la piel va perdiendo su autonomía funcional simplemente “por desgaste”. Pierde fibras elásticas, fibras de colágeno y barrera lipídica, lo que contribuye a la aparición de arrugas, flacidez y sequedad. Además de mantener los hábitos adquiridos a lo largo de nuestra madurez, en la vejez debemos  intensificar su hidratación con crema emoliente de forma diaria. 

EL USO DE PRODUCTOS PARA HIDRATAR Y CUIDAR LA PIEL ¿CREAN DEPENDENCIA? ¿DESDE QUÉ EDAD SE DEBERÍA EMPEZAR A UTILIZAR PRODUCTOS PARA EL CUIDADO DE LA PIEL?

Utilizar una buena crema emoliente que hidrate en profundidad nuestra piel es una regla básica del cuidado de la piel sana desde que nacemos y nos enfrentamos al mundo. Es ideal aplicarla diariamente tras el baño, con la piel semihúmeda. En el caso de pacientes con dermatitis atópica o con piel seca puede ser necesario aumentar su frecuencia de aplicación a 2 o 3 veces al día. Y especialmente en época fría de invierno, ¡hidratación y más hidratación!

¿QUÉ PROBLEMAS SON LOS QUE MÁS AFECTAN A LA PIEL SANA? ¿CÓMO PUEDEN PREVENIRSE?

Se ha comprobado que el sol, el tabaco, el alcohol y el estrés son los principales factores externos modificables que hacen que la piel aparente una edad superior.

A la cabeza, el exceso de radiación solar. La exposición solar puede producir quemaduras, sequedad cutánea y, a largo plazo, es el principal determinante externo del envejecimiento cutáneo prematuro al favorecer la aparición de manchas, arrugas e incluso cáncer de piel. Se calcula que en torno al 80% de la radiación solar que recibimos en países como España ocurre durante los meses de invierno. No debemos salir a la calle sin haber aplicado en las zonas expuestas (cara, escote y dorso de manos) una cantidad generosa de crema con factor de protección (al menos 30+).

Protegerse diariamente del sol, llevar unos hábitos de vida saludables y saber tomarse un descanso son el mejor regalo que le puedes hacer a tu piel.

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